“Seré heraldo de buenas noticias, solo si te quedás un rato más”
Argentina cerró anoche su participación en la Liga de Naciones en el segundo puesto. Ganó en la última fecha, terminó invicta y se clasificó al Mundial de Brasil 2027. Un recorrido que, en cualquier otro contexto, ocuparía portadas.
Holzehier la mató de pecho y habilitó a Florencia Bonsegundo que casi sin mirar como termina de entrar la pelota, se desploma en el córner. Acababa de convertir el gol que terminaría siendo el de la victoria ante Ecuador. Se dejó caer sobre el césped dejando venir las lágrimas y detrás suyo llegaron todas. Compañeras, suplentes. Una montaña de abrazos para celebrar una hazaña que estuvo muy cerca de transformarse en título. Las piernas ya no respondían. La lluvia, la altura y una cancha pesada habían sido rivales durante toda la noche en Quito. Ecuador propuso un escenario complejo, casi inhóspito. Pero si algo ha demostrado esta Selección es que sabe convivir con la adversidad.
por Romina Sacher
¡GOOOOOL DE ARGENTINA!
Flor Bonsegundo convierte el gol del triunfo por 1-0 ante Ecuador en Quito pic.twitter.com/bH3XoRQ9Lw
— AFA Estudio (@AFAestudio) June 10, 2026
Mientras tanto, a miles de kilómetros, en Alabama, también caía la lluvia. La Selección masculina cerraba sus amistosos antes de comenzar el viaje para defender la tercera estrella. Fue entonces me pregunté cuánto más repercusión habría tenido este subcampeonato invicto si los calendarios estuvieran pensados de otra manera. Cuánto más se habría hablado de un equipo que ganó cinco partidos, empató tres, clasificó al Mundial y peleó el título hasta el último minuto por el titulo. Los argentinos no podemos dividir el corazón. Pero tampoco la atención. Si el fútbol femenino continúa ocupando un lugar secundario en la planificación y termina compitiendo por espacio frente a eventos masivos, difícilmente alcance la convocatoria que todos decimos querer. Nos pasamos años repitiendo que es el mismo fútbol. Que merece las mismas oportunidades. Que hay que acompañarlo. Pero cuando llegan estos momentos, la frase se resquebraja. Porque este equipo no fue a Ecuador a cumplir. Fue a buscar un título.
Por eso las lágrimas. Por eso la bronca. Porque durante semanas hicieron parecer sencillo un camino que no lo era. Mientras otras selecciones celebraban como un hito alcanzar un repechaje mundialista, Argentina ya transitaba otro terreno. Uno construido a fuerza de años de crecimiento, de profesionalización y de exigencia. La Liga de Naciones encontró a la Selección cambiando sedes, recorriendo el país y adaptándose a todo. Jugó de local en Argentinos Juniors, Banfield y Lanús. Jugó de visitante en escenarios difíciles. Y en cada parada encontró algo que hace no tanto parecía imposible: una conexión genuina con la gente. Pibas que pisaron por primera vez una cancha, niñas y niños colgados del alambrado. Las familias esperando una foto. Los brazos levantados desde la cancha pidiendo aliento y devolviendo agradecimiento. Eso también es una conquista. Quizás por eso la sensación final sea extraña. Porque el segundo puesto sabe a poco. Porque este grupo quería levantar una copa. Porque estuvo a un empate paraguayo de hacerlo.
Mientras Argentina luchaba una vez más contra el reloj para abrir el arco ecuatoriano, Paraguay hacía lo suyo en el Defensores del Chaco. La Albirroja comenzó ganando, Colombia reaccionó y el 3-3 sostuvo durante largos minutos la esperanza argentina. Por un rato, el trofeo pareció estar viajando hacia Buenos Aires. Pero sobre el final, cuando las piernas ya pesaban tanto como la presión, las cafeteras encontraron el gol la victoria y el titulo. El pitazo final en Asunción confirmó el triunfo colombiano y también el título de la primera Liga de Naciones Femenina.
Un desenlace cruel para una Selección Argentina que pasó gran parte del torneo en la cima y que, sigo insistiendo, tuvo probablemente el fixture más complejo de toda la competencia. El final en Paraguay también fue un grito de desahogo para Ecuador. La Tri no solo logró hacerle frente a Argentina en Quito, sino que además consiguió mantener viva su ilusión mundialista y asegurar un lugar en el repechaje. Venezuela, por su parte, también celebró el boleto, aunque sufriendo y consiguiendo un empate ante Uruguay sobre un final que se hizo eterno.
Por primera vez Sudamérica tuvo una eliminatoria femenina propia, una competencia viva hasta la última jornada, con equipos peleando por el título, por la clasificación directa y por el repechaje mundialista al mismo tiempo. Durante años miramos con admiración modelos que parecían lejanos. Hoy empezamos a construir uno propio y quizás ahí aparezca una de las grandes novedades que deja este torneo.
Argentina no volvió con la copa que fue a buscar. Volvió con un Mundial asegurado, su tercero consecutivo, una campaña invicta y la sensación de que el techo todavía está más arriba. Ya no se conforma con participar, quiere competir. quiere crecer. y quiere ganar. Y eso también es una señal porque nos merecemos bellos milagros y ocurrirán. A 378 días, el augurio rumbo a Brasil 2027 no podría ser más prometedor.
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