En el barrio de Bernal Oeste, partido de Quilmes, un Ford Escort bordó estacionado sobre una rampa da la bienvenida a una humilde casa de dos pisos. Allí vive Renata Quiñónez Delvalle Galeano, de 11 años. Juega al fútbol como delantera, viste un conjunto de River y porta un aro con una cruz en cada oreja. “Mis ídolos son Cristiano Ronaldo, que tuvo una infancia en la pobreza, y Lionel Messi, que es el GOAT (el mejor de todos los tiempos)”, dice. Su mamá, Rosa, y su papá, Fredy, quien no está porque tiene trabajo como pintor, la ayudan a intentar cumplir su sueño: viajar a Manchester para realizar una prueba de una semana con el City.
Sobre una mesa redonda de la cocina-comedor, hija y madre se remontan a mitad de año, cuando Rosa vio un flyer en redes sociales sobre una prueba que el equipo británico llevaría a cabo durante la última semana de vacaciones de invierno en el Club Oliden de Pilar, de la que terminaron desestimando tras enterarse que tenía un costo de 600 dólares. Sin embargo, desde la organización del campus les ofrecieron la inscripción en un sorteo de 10 plazas gratuitas entre 200 participantes y aceptaron. A los dos días fueron notificadas de que Renu —como le dicen sus personas más cercanas— era una de las ganadoras.
Después de cuatro días de prácticas, Renata fue elegida como futbolista de la semana en una categoría en la que era la única mujer. La confirmación de la convocatoria al viaje a Inglaterra llegó algunas semanas después a través de un correo electrónico: “Un día vi a mi mamá secándose las lágrimas y le pregunté qué había pasado. Ella me lo quería decir el domingo del día del niño, pero yo quería en ese momento. Le insistí y me dijo ‘llegó el mail’. Ahí sentí una emoción muy grande”, cuenta la jugadora del Sociedad de Fomento Santa María de Bernal Oeste. La prueba tiene un valor de 6.500 dólares. Para poder recaudar, los padres realizan parrilladas en la casa y planean organizar torneos de penales y de truco en la cancha del club. Además, tienen un alias a disposición de quienes quieran y puedan colaborar: renualcity.
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“Soy delantera y también arquera, pero me gusta más hacer goles”, agrega Renata, quien empezó a interesarse por el fútbol porque era lo que les gustaba a sus compañeros de jardín de infantes. Criada en Ramos Mejía, buscó un lugar en varios clubes en los que aceptaran equipos femeninos. Ante tantas respuestas negativas, probó suerte en el hockey, deporte del que aún conserva el palo y que practicó en una institución del barrio. Luego, admitió chicas para jugar fútbol. Entonces, nunca más se separó de una pelota. No obstante, tras mudarse a su actual ciudad y cambiar de colegio, padeció momentos de bullying: “Mis compañeras me escondían la mochila o me la tiraban a la basura. Una me cortó el pelo. Todo por jugar con varones. Con la chica que me cortó el pelo tuve que jugar en el mismo equipo. Tenía muchas cosas para decirle, pero no podía”, confiesa con la voz entrecortada y sus ojos dejándose llenar por lágrimas. “Igual me importó tres maples de huevos”, aclara.
“Nunca pensé en dejar el fútbol”, se sincera la pequeña jugadora, que tiene como referente del fútbol femenino a Mercedes Diz, la delantera de River de 17 años que vislumbra en la Copa del Mundo Sub-17 —lleva seis goles en tres partidos—, que también formó parte del Sub-20 —anotó dos veces— y que debutó en la Mayor para convertir y clasificar al país al Mundial de Brasil en 2027. Mientras tanto, transita el último año de la primaria, en la que es abanderada y tiene menciones especiales en Prácticas del Lenguaje y Matemática —su materia favorita—. Además, ya tiene decidido que estudiará para ser arquitecta. ¿El motivo? Querer darle trabajo a su padre: “De chiquita yo me ponía a dibujar planos de casas en un cuaderno de mi mamá. Yo decía ‘acá va a estar el cuarto, acá la cochera, acá la cucha de la perra, acá la pieza… me hacía unos re planos. Ahora quiero terminar el primario y empezar en un técnico para ser maestra mayor de obras y ayudar a mi papá, que es pintor”.
La prueba en Manchester City será en septiembre de 2027. En caso de volver a ser seleccionada, podrá realizar un intercambio de seis meses. “Pienso todos los días en ese viaje. Me estoy preparando para ser tranquila, en no enojarme si no quedo, que no pasa nada y que por lo menos lo intenté”, cierra Renata, quien tiene como máximo sueño representar los colores de la Selección Argentina. Para eso, busca estar siempre en movimiento. El patio de su casa y las calles de su cuadra funcionan como cunas de su amor por el fútbol, un deporte por el que se decidió en jardín de infantes y que, después de atravesar prejuicios, comienza a darle recompensas.
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