Micros. Lanchas. Guantes. Arcos. Todo eso teje la vida de Macarena Morón, arquera de 29 años, quien atiende la llamada de El Femenino desde su Ítaca: su casa en San Antonio Oeste, ciudad costera de Río Negro. Defensora de los tres palos de Independiente, club de barrio que integra la Liga Rionegrina, fue convocada para sumarse a Jorge Newbery, rival que accedió al Regional y por el que se atrevió a salir de su zona de confort. Rostro alegre y postura firme, se confiesa nerviosa antes de contar la Odisea que realiza para poder acudir a los entrenamientos. 140 kilómetros de ruta hasta Viedma y una embarcación para cruzar un río persiguiendo un sueño: jugar al fútbol.
-¿Cómo es tu día a día entrenando en dos clubes?
-Yo estoy en Independiente y terminó una liga en la que jugamos en contra, la Liga Rionegrina, y se dio que el DT de Jorge Newbery me vio y me llamó para el Regional, al que clasificaron. Dije que sí y me puse esa responsabilidad. Me fui por primera vez un martes. Nunca me había tomado un colectivo, era todo nuevo para mí. Llegué al departamento y me fui a las lanchitas. Allá se usa lanchita, porque yo me quedaba en Viedma y de ahí me
pasaba a Patagones. Si era temprano me volvía en la lancha, porque cortaba a las 9 de la noche y, si no, mis compañeras, que la verdad me trataron súper bien, me cruzaban por el puente. Me pasó también que el río baja y no hay lancha, entonces tenías que caminar todo
el puente y llegar a la cancha.
-Entonces también dependías de las condiciones climáticas
-Claro. Cosa que no sabía. Sé de acá por el mar, pero por el río no tenía eso, no sabía.
-¿Cómo fue ese primer viaje en micro a Viedma?
-Los nervios primero. Encima vino un colectivo, me estaba por subir y me dice: “No, nena, vos vas a Viedma. Esto va para otro lado, para Neuquén”. Encima llegaba con el horario justo porque me tomaba el de las 16 y llegaba siempre a las 17. Y era llegar, cambiarme e irme. Porque tenía que tener tiempo para caminar hasta la lanchita, tomarme la lanchita y caminar hasta el club, que me quedaba ahí nomás, pero tenía que hacer todo ese recorrido.
-¿Fue la primera vez que saliste de San Antonio?
-Cuando jugamos la Liga Rionegrina con Independiente vamos a Sierra Grande, pero no queda tan lejos.
-¿Qué cambió en tu vida luego de esta incorporación al Federal Rionegrino y jugar en Jorge Newbery?
-Me costó. Me costó porque fue dejar a mi familia, a mi pareja, a mi hermana que estaba embarazada, era todo. Era mi hermana chica y estaba embarazada, entonces era todo junto. Pero dije: “no, es una posibilidad que me dieron y la voy a aprovechar”.
-¿Hace cuánto empezaste a ser arquera?
-Yo en realidad no era arquera. Empecé jugando de defensora, que en Gladiadoras ganamos un torneo y después me llamaron de Independiente para ser arquera suplente. Yo entrenaba, hacía físico, hacía entrenamiento de arquera, todo, pero en ese momento tenían una arquera y era genial. Ella estaba asegurada ahí, porque era muy buena. Entonces empecé a jugar arriba, pero después tocó que venían otras arqueras, porque la que estaba
se fue. Entonces vinieron una o dos, creo, y les pasaba algo, les sacaban roja o las lastimaban y me tenía que dar vuelta la camiseta e ir al arco.
-¿Cómo te adaptaste hasta ser la arquera que sos hoy?
-Yo creo que lo primero fue que mi equipo me dio la confianza. Siempre me daba la confianza de decir, “Maca, confiá en vos”. Ellos siempre me dicen: “Sos muy loca vos. En el arco tenés que ser muy loca y eso es lo que sos vos. Te tirás, no te importa nada”. Y así soy. Pero el miedo siempre está, el de perder partidos. Lo que le pasa a los arqueros es que la pelota más tonta, vos te la comés y es gol y la más difícil la atajás.
-Ahí juega lo anímico.
-Eso es lo que me pasa, que me vengo abajo mal y ahí están todas para levantarme, mi familia, mis compañeras, mi DT, todos.
-Fuiste delantera y defensora antes de ser arquera, ¿no tenés pensado volver a cambiar de posición?
-No, ya está. Es mi lugar. Es así y ahí estoy. La otra vez pasamos a semis con Independiente. Ganamos, pero estaba en el sillón tirada llorando porque para mí no había sido un buen partido. Eso me tira abajo, pero gracias a Dios tengo a todos que me levantan siempre.
-¿Por qué elegiste el fútbol?
-Nosotros jugábamos en el barrio, con los chicos, en las calles. Cuando nos llamaban para comer, estábamos ahí. Después, la primera vez que estuve en un equipo fue porque lo vi en una publicación en redes sociales, que buscaban chicas. Con todo mi miedo fui y ahí empecé en Las Reinas, todo de acá de San Antonio. Jugué mi primer torneo, había un montón de chicas. Yo me llevo bien con todas. Entonces jugábamos en contra, pero ellas
me alentaban o yo las alentaba a ellas. No importaba el equipo que sea. Uno a su equipo lo lleva en el corazón, por supuesto, pero en ese momento que éramos chicas era así. Más allá de que jugábamos en contra, no había esa rivalidad tanto.
-¿Sos de mirar partidos de AFA?
-Por ahí a Boca. Soy hincha de Boca. Los Mundiales también me encantan. Y por lo general, siempre sábado y domingo estoy con el fútbol a full, así que no tengo mucho tiempo. En la semana entreno, así que por ahí veo. Con mi pareja miramos todos y también cuando juega el masculino. Los dos somos de Boca, así que compartimos esa misma pasión. Y sí, me encanta. O si juega otro equipo también lo miro. Me gusta mucho mirar y
aprender.
-¿A quién tenés como ídola?
-Yo me tiro más por el lado de Boca, que es el que más miro. [Laurina] Oliveros es la arquera que más me gusta. Siempre la miro.
-¿Qué sueño tenés como arquera? ¿Te imaginás en la selección o en clubes de AFA?
-Sí, sí, sería un sueño. Un sueño que me encantaría cumplir. Con todo el esfuerzo que eso requiere, dejar todo e ir por eso.
-¿Qué rol juega tu familia?
-Ellos me apoyan siempre. Se hace difícil porque por ahí no tengo tanto tiempo, pero ellos saben que es mi sueño y que me encanta jugar al fútbol. Creo que en mi vida tuve un montón de deportes, pero el fútbol es el fútbol para mí.
-¿Qué otros deportes hiciste?
-Hice vóley y boxeo. También fui arquera de handball, que me llamaron, y yo nunca había estado en el arco. Eso también fue una señal de que tenía que ser arquera.
-Eso ya te dio experiencia.
-Yo armé un equipo. Ese equipo no tenía arquera porque me habían dicho que sí y al final me cancelaron, así que tuve que ir yo al arco. Me acuerdo que fui con miedo. Ahí, mi DT y la capitana de Independiente me vieron y me dijeron: “No, vos tenés que ser arquera”.
-¿Qué es lo que más te gusta y lo que menos te gusta de tu puesto?
-Lo que más me gusta es estar atrás y organizar. Soy de hablar mucho. Estar viendo todo y ordenar mi defensa. Sentir que es mi posición y mando yo en el arco. Eso me encanta. Y lo que menos me gusta es cuando me hacen goles.
-¿Próximo objetivo?
-Ir más arriba. Mi sueño es jugar en Boca.
-¿Qué consejo le darías a una chica que quiere empezar pero que no se anima?
-Que se arriesgue, que se le va a dar todo. Que luche por sus sueños, que siga adelante, que entrene, que entrene duro, que no importa lo que le digan los demás, que ella va a triunfar. A mí me paso, tuve operaciones y no sabía si iba a volver o no, y volví y acá estoy, más fuerte que nunca.
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